
Don Hugo: Dígamelo de una vez, don Víctor, antes de que vuelvan las señoras: ¿a qué se debe esta invitación?… porque, que yo sepa, ni es su cumpleaños, ni su aniversario de boda, ni el día de la Constitución… ¿fue acaso un día como hoy cuando el buen emperador Caracalla nos concedió la ciudadanía romana a todos los habitantes del Imperio?
Don Víctor: Calle, calle, don Hugo, y aprovechemos para comer bien mientras podamos. ¿Es que acaso no ha leído usted que la FAO anda recomendando que nos alimentemos de insectos como, al parecer, hacen ya dos mil millones de personas?…
Don Hugo: ¡Todo sea por la sostenibilidad del planeta!… Esto es el escarnio de los pobres…. ¿Le he contado alguna vez, don Víctor, las chanzas del doctor Rey que trataba a los padres de nuestra tata cuando venían del pueblo? Les prohibía el consumo de caviar, ostras y langostas y que se abstuvieran de practicar golf, polo y esquí acuático.
Don Víctor: ¡Pobrecillos!… Pues la FAO lo remata alegando que este tipo de nutrición evita la obesidad.
Don Hugo: Como en el caso de San Juan Bautista en el desierto, ¡no te fastidia! Truecan la causa por el efecto.
Don Víctor: Ya llegan las señoras… Estudiemos la carta: ¿por dónde quiere que empecemos?… ¿Escarabajos, orugas, abejas, hormigas o saltamontes?
Don Hugo: ¿Y no hay cucarachas?