Vino

Don Hugo: No hay cosa más triste en esta vida, don Víctor, que tener que comer sin vino.
Don Víctor: Tiene usted más razón que un santo, don Hugo. Cuando a uno le toca viajar a un país con vino, sabe que además va a comer maravillosamente por añadidura.
Don Hugo: Y a la inversa. No en vano el primer milagro de Cristo, a instancias de su madre…
Don Víctor: … que, la verdad sea dicha, por una vez estuvo algo indiscreta…
Don Hugo: En efecto… fue la transmutación del agua en vino.
Don Víctor: Claro, y desde entonces los monjes de todas las abadías se esforzaron por emular aquel vino.
Don Hugo: O sea, la sangre de Cristo.
Don Víctor: Qué bien lo vio Gide…
Don Hugo: … a pesar de ser protestante…
Don Víctor: … pero al fin y al cabo francés… que el cristianismo es alegría, ¡es vino!
Don Hugo: Pero por Dios, don Víctor, téngase usted y seamos serios. No brinde conmigo que ahora ya no sé si decir «chin chin» o si caer de hinojos.

Deja un comentario