
Don Víctor: Déjelo usted, don Hugo, que va a ser el cuento de nunca acabar.
Don Hugo: ¿Qué le parece esto, don Víctor: «No quiso darle cuartelillo»?
Don Víctor: Se trataba sin duda de un número de la Guardia Civil.
Don Hugo: «El gobierno hace aguas».
Don Víctor: Hombre, son humanos… pero hablar de estas cosas me hace el efecto de aquellas disquisiciones del Quijote sobre si los caballeros encantados en las cuevas de Montesinos hacían sólo aguas menores.
Don Hugo: Tengo más. Escuche: «Me comentó qué coche tenía».
Don Víctor: Más lacónico no puede ser el comentario: ¡una palabra!
Don Hugo: Sigo, don Víctor: «en un ambiente de confrontación entre los partidos».
Don Víctor: Sí, cualquiera tomaría «confrontación» por «guerra» y no por «cotejo».
Don Hugo: Ahora la más extravagante: ¡violencia de género!
Don Víctor: ¡Violencia de género!… y, ¿por qué no «violencia de número» también?,,, «Quedé el catorceavo en la carrera». Dígame usted, don Hugo, si eso no es hacer violencia al lenguaje…
Don Hugo: Es verdad, don Víctor; «violencia de género» sería entonces «el agua envasado», «el sanguinario águila» y «este aula».
Don Víctor: Mi tío José Antonio cayó a un barranco y si no llega a agarrarse a una rama, se nos mata. Cuando le dijeron que gracias a Dios se había salvado, él contestó airado: «Grasias al rama, que a Dios ya le vi intensión«.