Pisa

Don Hugo: Me llama mucho la atención que estas iglesias italianas renuncien a plantar un par de torres idénticas a ambos lados de la portada principal… como hacen en Francia.

Don Víctor: Sí, y que luego el siguiente obispo, que tiene que continuar pagando las obras, se conforme con una y la fachada quede coja… ¿Qué falta hacen dos campanarios?

Don Hugo: Sí, pero eso de poner uno solo, apartado el pobre, como si estuviera castigado, y sin tener donde apoyarse, que al final se tuerce y todo…

Don Víctor: ¿Y dónde adosa usted el campanario que no rompa la simetría y que no mate la noble armonía de la nave que es la iglesia, apaisada como un templo griego?

Don Hugo: Entonces, don Víctor, ¿cada cosa por su lado? Aquí el battistero, más allá el camposanto, del otro lado el campanile y la basílica por medio…

Don Víctor: Pues sí, efectivamente, don Hugo; intente usted contemplarlo todo desde arriba.  Vuele con la imaginación. .. y verá, tal y como Dios la ve, esa inmaculada pradera de Pisa…

Don Hugo: ¡Si parece un campo de fútbol de Primera División!

Don Víctor: Y esos edificios, refulgentes de mármol, cada uno distinto y más perfecto que el otro, que parecen descendidos del Cielo y posados sin peso sobre el césped… ¿no es esto la Ciudad de Dios?

Don Hugo: Por eso en Pisa ¡se introduce uno en el mismo Paraíso Celestial!.. Ahora lo comprendo todo, don Víctor. Tiene usted razón.

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