Bizancio

Don Hugo: Todo esto deja atrás muchos de los presupuestos clásicos. Es cierto que el Imperio había derivado hacia una progresiva orientalización, pero aquí no hubo nunca ruptura. Don Víctor: Sí, sí, se evolucionaba con naturalidad e incluso se seguía progresando en muchas cosas… Si no le da vértigo, don Hugo, mire usted hacia arribaSigue leyendo «Bizancio»

Nombre de pila

Don Hugo: Vienen Isidro Cuenca, Lopetegui… Don Víctor: ¿Lopetegui? Don Hugo: Claro, si está ya muchísimo mejor, gracias a Dios… y también viene Planes. Don Víctor: ¡Hombre, qué alegría!… Hacía años que no honraba la capital con su presencia. Don Hugo: Está contentísimo… pero, don Víctor, ¿a que no sabe usted a nombre de quiénSigue leyendo «Nombre de pila»

No eran cantos de sirena

Don Víctor: Pero, don Hugo, ¿usted melancólico? Don Hugo: No sé lo quería decir, don Víctor, pero de un tiempo a esta parte, y cada vez con más frecuencia, siento una opresión sobre el estómago y una emoción que me pone al borde de las lágrimas… Don Víctor: ¿Le ocurre, quizás, después de contar recuerdosSigue leyendo «No eran cantos de sirena»

Herreros en la checa

Don Víctor: Espere, don Hugo, a ver si lo encuentro… que trae hoy el periódico una viñeta antigua de aquéllas de Enrique Herreros. ¿Lo recuerda usted? Don Hugo: Hombre, claro, pero si mi padre compartió checa con él durante algunos días… Don Víctor: ¿Su padre?… pero ¿no era de la UGT? Don Hugo: Claro, peroSigue leyendo «Herreros en la checa»

¡Al marketing, al marketing!

Don Hugo: ¡Pues no va Isidro Cuenca y me devuelve el libro que le regalé por su cumpleaños! Don Víctor: ¿No sería «Sueño y mito» de Karl Abraham?… Hombre, don Hugo, conociendo a Cuenca, debería haberme consultado antes… Don Hugo: No, no, ése se lo regalé a usted. A Cuenca le elegí una antología deSigue leyendo «¡Al marketing, al marketing!»