Don Hugo: Ésta es la situación, don Víctor: en el escenario, Boadella. Nosotros, entre el público encrespado que lo abuchea y quisiera despeñarlo.Don Víctor: Pero usted y yo ¿también abucheamos?Don Hugo: ¡No, hombre!… ¿A Boadella?Don Víctor: O sea que allí estamos usted y yo, don Hugo, más raros que un perro verde… pero ¿puede presentarSigue leyendo «Perros verdes»
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Puerilidades
Don Víctor: Pero, ¿por qué ese pacto de silencio?, ¿por qué todos callan lo que es evidente, la primera impresión que uno tiene al ver sus casitas de juguete?Don Hugo: Yo creo que se debe a que no queremos escandalizar al niño que todos llevamos dentro, don Víctor.Don Víctor: Claro, don Hugo, pero es queSigue leyendo «Puerilidades»
La virtud en la mujer
Don Hugo: Desde luego, ya es puntería que los tres fueran a enamorarse de mujeres casadas, amén de irreprochables esposas. Don Víctor: Afortunadamente para nosotros, don Hugo, y para la fama de los propios autores. Don Hugo: Eso por descontado, don Víctor. Su deseo imposible les genera una tensión psíquica tal que, exacerbando su fantasía,Sigue leyendo «La virtud en la mujer»
Cuba
Don Víctor: Estaba leyendo ayer una novela, hoy desconocida, que saqué de la biblioteca de mi abuelo: «Casta de hidalgos», de Ricardo León. Don Hugo: ¡Ah, sí, el autor de «El amor de los amores»! Don Víctor: Le he anotado un pasaje, que me llamó la atención, sobre lo que sintió uno de los personajesSigue leyendo «Cuba»
Voces y puntas
Don Víctor: Don Hugo, he estado estudiando esa clasificación de voces, que ha hecho usted, a partir de su comparación con las puntas del toro de lidia. Se me antoja muy interesante. Don Hugo: ¡Cómo lo celebro, don Víctor!… ¿verdad que resulta muy ilustrativo ese efecto sinestésico para sugerir un sonido mediante una imagen? DonSigue leyendo «Voces y puntas»
Mujer espartana
Don Hugo: La última de Isidro Cuenca: que la mujer actual vale menos que la de antes, salvo en la cuestión de las piernas. Don Víctor: Hombre, claro, las piernas femeninas no se veían antaño. Don Hugo: No quise discutir; le di la razón en lo segundo porque nunca como ahora la mujer ha gozadoSigue leyendo «Mujer espartana»
Cuentos
Don Víctor: Claro, don Hugo, es que no todo va a ser Perrault, los Grimm y Andersen… Don Hugo: Sí, sí, don Víctor, pero llevamos dos horas y media y hemos quedado en el teatro con las señoras y no vamos a llegar a tiempo. Don Víctor: Es que no me gusta ninguno. El queSigue leyendo «Cuentos»
La segunda romanización
Don Hugo: O sea que está usted de acuerdo con las manifestaciones del Presidente López Obrador. Don Víctor: Sí, estoy tan convencido como él de que el Rey Felipe VI ya está tardando demasiado en vestirse de saco y peregrinar hasta los pies de la Gran Pirámide de Tenochtitlán para subirla de rodillas escalón aSigue leyendo «La segunda romanización»
Médicas y enfermeros
Don Víctor: ¡Cómo se parece esto de «médicas y enfermeros» a aquellas inversiones carnavalescas del mundo al revés que tanto gustaron siempre! Don Hugo: ¿Se está usted refiriendo, don Víctor, a las clásicas destrozonas? Dentro de la perspectiva psicoanálitica, cuando el hombre se disfraza de mujer en las Carnestolendas estaría satisfaciendo esa pulsión homosexual ocultaSigue leyendo «Médicas y enfermeros»
Cristo y Marx
Don Hugo: Me llamó por teléfono mi nieto Rafita, que estaba haciendo un trabajo para la asignatura de Religión, sólo para preguntarme si Jesucristo era comunista. Don Víctor: ¡Atiza, don Hugo, eso le pasa a usted por estar jubilado! Tenía que habérselo preguntado a sus padres, pero, claro, ¡trabajan tanto!… bueno, ¿y qué le contestóSigue leyendo «Cristo y Marx»