Don Víctor: Acabo de leer “Mear sangre”, la autobiografía de Dum Dum Pacheco, el campeón de peso wélter. Don Hugo: ¡Atiza! Don Víctor: Es que me lo encareció mucho mi hija Celia. Don Hugo: ¡Pero si es restauradora, no uróloga! Don Víctor: Cuenta que la noche previa a uno de sus combates más importantes, estuvoSigue leyendo «Crines y barbas»
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Goscinny
Don Hugo: No siga usted repasando los Astérix, don Víctor, que están aquí muy bien en su casa, aunque ya no haya niños. Le agradezco el ofrecimiento, pero, total, yo voy comprando religiosamente a mis nietos todos los libros uno por uno. Don Víctor: A mí lo que me tiene asombrado es la impronta tanSigue leyendo «Goscinny»
América
Don Víctor: Ahora que empieza a amanecer, se ve la línea de costa, tal y como habíamos previsto. Don Hugo: Me estoy preguntando qué pasaba por las cabezas de los conquistadores cuando avistaban por primera vez estas tierras. Don Víctor: Sobre eso mismo reflexionó Salvador de Madariaga: aquellos barbados tenían presentes las historias que seSigue leyendo «América»
Depresión
Don Hugo: No se engañe usted, don Víctor: ésta no es más que la casa “exógena” de Shakespeare. Ni está probado que viviera aquí ni la colección de muebles y objetos que hay reunidos tiene otro mérito que ser de su época… pero ya verá qué bonita es. Don Víctor: Entonces eso que me decíaSigue leyendo «Depresión»
Estremecimiento
Don Hugo: Pero, don Víctor, si está usted sudando, jadeante, pálido… es cierto que el ambiente de la sala estaba muy cargado… Habría que quejarse a la Superintendencia de la Galería Uffizi… ¿Quiere usted que nos acerquemos a una casa de pronto soccorso? Don Víctor: No es eso, don Hugo… y ya se me estáSigue leyendo «Estremecimiento»
El gran desfase
Don Hugo: Creo que fueron los Neandertales quienes aplicaron una vara de fresno a una punta de sílex, pudiendo así golpear a dos metros de distancia. Don Víctor: Enseguida los arrinconaron nuestros abuelos Cromagnon con el arco y la flecha, como Robin Hood. Don Hugo: Y los indios flecheros del Amazonas emponzoñaron las puntas conSigue leyendo «El gran desfase»
Un corazón sencillo
Don Víctor: ¿Sabe usted, don Hugo, la última de Lopetegui?… ¡Pues que se ha emperrado en que Freud conocía al dedillo la obra de Galdós! Don Hugo: No tenía otra cosa que hacer don Sigmund… ¡Bastante tenía el pobre con Goethe y los clásicos de la Antigüedad! Don Víctor: Me puso muchos ejemplos, pero enSigue leyendo «Un corazón sencillo»
Amor cortés
Don Víctor: Quería preguntarle, don Hugo, ahora que estamos a solas, sobre aquella discusión tan vehemente que protagonizaron usted y el profesor Dupré, que al fin y al cabo es todo un especialista en el amor cortés… Don Hugo: ¿Le parece que me propasé, don Víctor?… Yo lo que vengo pensando es que el amorSigue leyendo «Amor cortés»
Haz la guerra y el amor también
Don Hugo: Antes leíamos a Salgari y ahora los chavales se conectan en Internet con otra pandilla a la que no conocen y se tirotean en escenarios devastados para aniquilarse mutuamente. Don Víctor: Siempre parecidos juegos bélicos con que se estimula a los niños, como si formáramos todavía parte de sociedades guerreras. Don Hugo: NuncaSigue leyendo «Haz la guerra y el amor también»
Decapitación
Don Víctor: Entonces, don Hugo, ¿cree usted que, tras la máscara de lo sicalíptico, acecha la trampa mortal? Don Hugo: Sin duda alguna, don Víctor. Tras del estímulo vasodilatador se oculta el más terrible Thanatos paralizante. Don Víctor: Gustave Moreau tiene una Salomé con una cabeza de Bautista suspendida en el aire, en forma deSigue leyendo «Decapitación»