
Don Víctor: ¿Concebiría usted, don Hugo, a Alfredo Kraus dando un recital en el Real con micro? ¿A que eso es inconcebible?
Don Hugo: A mí la generalización del micro me parece una catástrofe de las dimensiones de la caída del Imperio Romano, por lo menos por lo que al canto se refiere.
Don Víctor: ¿Qué me dice usted de Niña Pastori cayéndose del cartel del festival flamenco porque en el teatro del Colegio de médicos no le permitían cantar con micro?
Don Hugo: Si es que, incluso en recintos pequeños y con cantantes solventes, ¡hay que meter el micro!
Don Víctor: Claro, es que el público se ha acostumbrado a que lo atruenen con un volumen mayor al de la voz humana…
Don Hugo: … lo cual es una depravación del arte y del cuerpo.
Don Víctor: ¿Por cuánto tiempo lograrán los viejos teatros de la ópera mantener los buenos usos que hoy en día empiezan a asemejarse a aquellos torneos con caballo y armas blancas, que entretuvo la nobleza cuando ya la artillería era la que ganaba las batallas?
Don Hugo: ¿Qué atruena más que el cañón?