
Don Víctor: Ya estamos aquí, don Hugo. Son las seis y media de la mañana y nos hemos venido hasta la Plaza de España, como usted quería. ¿Cuál es el experimento que necesita tan severas coordenadas?
Don Hugo: No le haré esperar más, don Víctor. Debe usted hacerme tres preguntas relativas a manifestaciones artísticas bien conocidas de los dos, por lo menos desde antes de que reformaran esta plaza.
Don Víctor: ¿No me va a pedir nada más?… ¡Eso es de lo más fácil!… Bien, vayamos con la primera… Antes de que reformaran la plaza… A ver, ¡ah, sí! ¿Qué opinión le merecen las performances de Najwa Nimri?
Don Hugo: ¿Sus performances?… Nada, don Víctor, para mí sigue siendo “Nada” Nimri. Son ejercicios de intelectualismo vacuo y presuntuoso.
Don Víctor: Retrocedamos entonces en el tiempo. Juzgue usted ahora la prosa de Gabriel Miró.
Don Hugo: ¡Gabriel Miró!… Cómo puede estar tan olvidado hoy en día. Su prosa es el arte de un orfebre acompañado del vigor de un escultor clásico, algo así como un Benvenuto Cellini de la escritura.
Don Víctor: Le haré la tercera, remontándonos más lejos. ¿Qué efecto le produce escuchar a las Walkirias cantando en su propio idioma walhallesco y no en buen alemán?
Don Hugo: El de la puerilidad más monumentalmente ridícula del mundo.
Don Víctor: Pero, don Hugo, ¿qué ocurre? Le veo a usted consternado y caviloso.
Don Hugo: No, don Víctor, si en el fondo casi me temía esto. Ocurre que mi visión crítica de las cosas no parece haberse modificado, ni siquiera en la matización del gusto artístico.
Don Víctor: ¿Y eso le preocupa tanto cuando, en realidad, está evidenciando unos sólidos criterios, a cubierto de modas y esnobismos?
Don Hugo: Sí, eso es cierto, pero me pesa el comprobar una vez más que nuestra libertad es mucho menor de lo que pretendemos y que tiene razón el cabezón de Goethe cuando afirma…
Don Víctor: ¿Dónde, en el Werther o en el Fausto?
Don Hugo: No, una vez más en “Las afinidades electivas”, que es la obra que más me gusta a mí… cuando afirma que “carácter, individualidad, inclinaciones, orientación, localidad, cercanías y costumbres forman juntos un todo en el que cada hombre se mueve como en su elemento, en su atmósfera, allá donde únicamente se encuentra cómodo y a gusto” y añade que “sigue sin mudar al cabo de muchos años”. Mire si estuvimos clamando durante tanto tiempo para que reformaran esta plaza y, hoy, sigo pensando las mismas cosas.
Don Víctor: ¡Sursum corda, don Hugo! Cante conmigo, que vamos a despertar a los del hotel RIU. (cantando:) Hojoroho! Hojoroho!
Don Hugo y don Víctor (gritando:) Heiaha! Heiaha!