¡Pobres pobres!

Don Víctor: Pero, don Hugo, ¿qué mosca le ha picado a usted ahora? Ya teníamos hecho el esquema de la pieza; había versificado usted el primer acto y un cuadro del segundo; hemos hablado ya con mi nieto Miguelito; Dolores y Julita están encantadas con sus papeles; incluso Celia está muy divertida con hacer la alemanota; y, para colmo, Dupré nos ha asegurado su presencia en Madrid durante esos días para su breve papel de Felipe II.

Don Hugo: ¡Que no, don Víctor, que no paso de aquí! Vaya usted eligiendo otro tema para otra obra, pero le prevengo: ¡no caigamos en la misma trampa!

Don Víctor: ¡No acierto a explicarme a qué viene este cambio de humor cuando todo marchaba sobre ruedas!

Don Hugo: Y menos mal que no me limité a ocuparme de los decorados, porque en ese caso no me habría enterado del desvío de Jeromín.

Don Víctor: ¿Y qué desvío del pobre chico es ése?… ¿Que se desentendió de su madre biológica, la teutona Bárbara Blomberg, pagándole con la misma moneda?

Don Hugo: De ninguna manera, siempre intentó reformarla y que abrazara las buenas costumbres… pero, respóndame: ¿quién lo crió a sus pechos?

Don Víctor: La plebeya, Ana de Medina, la viuda de aquel violista… ¡el papel de Julita!

Don Hugo: Sí que la quiere usted bien… ¿Quién se ocupó de llevarlo a la escuela de Leganés, a aprender las primeras letras?

Don Víctor: Pues, ¡Julita!… digo, ¡Ana de Medina!

Don Hugo: ¿Quién le dio antes su cariño de madre?

Don Víctor: Que sí, don Hugo, que sí…

Don Hugo: ¿Quién le inculcó con su ejemplo y su amor la modestia, el respeto y la obediencia a los mayores, así como la religión católica?

Don Víctor: Todo eso lo hizo la buena Ana. ¡y qué bien completaron esa educación doña Magdalena de Ulloa, que lo envió a Alcalá, y su marido, don Luis de Quijada, que lo adiestró en las armas, y ambos en los secretos de la cortesía áulica!

Don Hugo: ¿Y le parecen esos últimos valores superiores a los anteriores, sin los cuales nunca podrían darse? ¿Cómo Jeromín, el gran don Juan de Austria, pudo llegar a olvidar de ese modo a Ana de Medina?… ¿o es que acaso va a aparecer siquiera de comparsa en nuestros actos tercero y cuarto? ¿No pienso colaborar, dramáticamente, en esta injusticia histórica que ignora al pobre!

Don Víctor: Hoy está usted imposible, don Hugo… Si le parece, representamos “El ratoncito Pérez”.

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