
Don Hugo: Para mí, el diario es uno de esos productos consustanciales a la civilización occidental. Ninguna otra habría alumbrado semejante quimera de papel, plagada de noticias candentes, opiniones encontradas, propuestas y análisis, crítica artística y literaria, anuncios de lo más heterogéneo, cartas abiertas de los lectores, campañas y polémicas interminables, viñetas de humor…
Don Víctor: … pero bien que se los apropian y les echan el dogal los tiranos, siempre con las más santas razones.
Don Hugo: Claro está, todos los autócratas y sus turiferarios son como aquel capitán de Goethe…
Don Víctor: ¿Quién, Valentín, el hermano de Margarita?
Don Hugo: No, me refiero al de “Las afinidades electivas”: “Son tan difíciles las deliberaciones, sobre todo con la muchedumbre… Si se añade a esto que con una medida común sale ganando el uno y el otro perdiendo, es totalmente imposible establecer nada por un convenio general. Realmente, todas las cosas de utilidad común tienen que ser fomentadas por el ilimitado derecho del soberano “.
Don Víctor: Es verdad, y con tal de que llamemos al soberano de otra manera, ya está todo arreglado.
Don Hugo: ¿A usted le parece, don Víctor, que una vez más se nos va a comer Oriente como pasó al final de la época clásica?
Don Víctor: Lo dice usted, sin duda, por el retroceso de la democracia y el ascenso del autoritarismo…
Don Hugo: … y del fundamentalismo religioso, por mucho que se lo llame “sostenibilidad”, “género”, “salud”, “animalismo”…
Don Víctor: Calle, calle, don Hugo, ¡pensamiento único, en definitiva!… Con todo lo que nos hemos reído estos años atrás de lo políticamente correcto…
Don Hugo: Claro, una sociedad delatora e inquisitorial… ¡como corresponde!
Don Víctor: Se acabó el criticar nada de lo que nos imponen, así como investigar lo que nadie nos ha mandado investigar.
Don Hugo: La ausencia de ningún proyecto de futuro: ¡el fin del progreso!