El héroe en su plenitud

Don Víctor: Este otro dibujo, desde el lado izquierdo, me parece muy revelador: se observa claramente cómo la pierna izquierda se adelanta y apoya el pie en el suelo tan firmemente como el derecho.

Don Hugo: Y no se le habrá pasado que el brazo izquierdo no pende junto al tronco, sino que se tensa con el puño apretado.

Don Víctor: Claro, pero, a diferencia de los faraones, su mano derecha rompe la frontalidad al cubrir el pecho y, además, la mirada se alza a lo alto.

Don Hugo: ¡Hombre, claro!… y entreabre la boca para sostener esa nota a fior di labbro que nos pone la carne de gallina. No es un dios como el faraón, sino un héroe romántico.

Don Víctor: Lo que más alabo de sus bosquejos, don Hugo, es que proponga usted un Kraus en plenitud, a diferencia, por ejemplo, de la escultura del auditorio de Las Palmas, que nos lo muestra ya machucho.

Don Hugo: De eso se trata precisamente. Si no, no me hubiera tomado la molestia. Es como si nunca hubieran leído al doctor Juarros. Escuche usted: “Entre los egipcios no se pintaba ni esculpía al muerto representándolo en la infancia, en la adolescencia o en la vejez, sino en la edad madura, en el máximo de su vigor”.

Don Víctor: Había que citar autoridades para que cayéramos en la evidencia., pues ¿qué estamos celebrando sino exactamente eso: la fuerza aliada a la experiencia y el Ideal asociado a la sabiduría?… pero, dígame, don Víctor, la concibe usted de tamaño natural?

Don Hugo: ¡Quia!… No menos de cuatro metros, y con un pedestal adecuado a sus proporciones. ¿Cuándo los griegos, que ya representaron héroes amén de los dioses, menguaron a nuestra talla mortal aquellos ejemplos con nombre propio, con los que edificar al ciudadano?

Don Víctor: Eso, don Hugo, un gigante y ¡no un cabezudo, como el de la rotonda de Boadilla del Monte.

Deja un comentario