Sánchez

Don Hugo: Poder opinar…

Don Víctor: … lo mismo que nosotros.

Don Hugo: Poder ser de derechas…

Don Víctor: … siempre y cuando no se pretenda llegar a gobernar… que para algo ha de servir el muro.

Don Hugo: Poder ser de nada…

Don Víctor: … pero votándonos a nosotros.

Don Hugo: Poder abortar…

Don Víctor: Claro, porque los derechos de la mujer han de prevalecer sobre los del nonato.

Don Hugo: Poder divorciarse cuantas veces se quiera…

Don Víctor: … como Pamela Anderson, que el matrimonio es otro bien de consumo.

Don Hugo: Poder ser monárquico…

Don Víctor: … siempre y cuando sea de Bokassa.

Don Hugo: Poder ser conservador…

Don Víctor: … siempre y cuando se sea separatista.

Don Hugo: Poder estudiar en la propia lengua…

Don Víctor: Claro, ¡como en Cataluña!

Don Hugo: Poder luchar por lo que se cree…

Don Víctor: … siempre que se crea lo mismo que nosotros.

Don Hugo: Poder cuestionar a los poderosos…

Don Víctor: … pero nunca a nuestro gobierno y sus satélites.

Don Hugo: Poder cuestionar las noticias…

Don Víctor: … siempre y cuando la exclusiva de la máquina del fango obre en manos de nuestro gobierno.

Don Hugo: El título de este panfleto que conmemora los cincuenta años de la muerte de Franco es “La democracia es tu poder”.

Don Víctor: Ah, claro, que el gobierno que tenemos es la democracia…

Don Hugo: Nada, que no lo encuentro, don Víctor. Mucha librería internacional, pero aquí sólo tienen el “Mein Kampf”, el “Che cosa è il fascismo” de Mussolini, el “Libro rojo” de Mao, el Verde de Gadafi, las Memorias de Trotski, “La Revolución de 1917” de Lenin, “¿Qué es el carlismo?” del Centro de Estudios históricos y políticos “General Zumalacárregui”, “Tecnica del colpo di Stato” de Curzio Malaparte”, pero…

Don Víctor: Calle, don Hugo… ¡lo encontré, aquí está!… ¡”Manual de resistencia”!

Don Hugo: Estupendo, don Víctor. Ya tiene usted la máscara… y, mire, yo acabo de encontrar su Credo: “El príncipe”. Las palabras buena fe, justicia, clemencia y humanidad deben estar siempre en la boca de los príncipes, pero jamás en su corazón, ya que los soberanos deben hollar estas virtudes y cometer actos de crueldad cuando los juzguen necesarios a la conservación del poder.                                                         

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