Verdades de laboratorio

Don Víctor: No cabe duda, don Hugo. El resultado es exactamente el que nos había marcado el padre Letamendi.

Don Hugo: Eso es que hemos medido y pesado bien todos los componentes, tiempos y temperaturas, don Víctor. ¡Qué buen pulso conservamos aún!

Don Víctor: Además de ir a comer con nuestro amigo y charlar con él, ¡cuánto bien no nos harán estas escapadas a Deusto!

Don Hugo: Creo que es un ejercicio muy necesario para ajustarnos cada cierto tiempo a la realidad inapelable y así purificarnos de la contaminación de tantos elementos y factores especulativos como perturban la objetiva visión de las cosas.

Don Víctor: No deja de ser un idealismo utópico la pretensión de hallar un trozo de Verdad pura fuera del laboratorio, pero, aunque de manera imperfecta, corregimos así, en parte, nuestro rumbo.

Don Hugo: Claro, don Víctor, tenemos la obligación de vigilar siempre que nuestros juicios y opiniones se funden en datos sólidos y pertinentes, por más que nuestra derrota zigzaguee…

Don Víctor: … así como desterrar la visceralidad.

Don Hugo: Vamos, ¡volver a colocarnos en el fiel de la balanza! Como decía Sesto Bruscantini, que cada vez que coincidía con Alfredo Kraus en algún teatro, buscaba el momento de hacer escalas con él para ajustar de nuevo la afinación de las notas.

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