
Don Víctor: Oiga usted lo bien que lo expresa Larra: “… cuando volviendo lo de abajo arriba, dijo en Montiel: “Ni quito ni pongo rey”… Para mí que Bertrand Du Guesclin anunció con sus actos la teoría política de Maquiavelo.
Don Hugo: Claro, el florentino en realidad no inventó nada; se limitó a definir ciertos términos de la realidad, generalizando a distintos lugares y épocas.
Don Víctor: Es cierto: la conjunción de determinados factores y circunstancias propicia parecidos comportamientos en orden a la supervivencia y la dominación.
Don Hugo: Desde luego, pero es que Maquiavelo, además de la lucidez, tuvo la osadía de publicarlo.
Don Víctor: ¿Y usted cree, don Hugo, que el suyo es verdaderamente un manual de instrucciones para príncipes o, por el contrario, una denuncia de las prácticas reales de los poderosos?
Don Hugo: No sabría qué decirle, don Víctor, pero el hecho de que fuera italiano, es decir culto y buen conocedor de su Historia, comprendidas las vidas de los césares, le lleva a considerar y evaluar la realidad con una distancia cínica, poco o nada usada en nuestra patria, donde desconocemos todo del pasado.
Don Víctor: Y, sin embargo, ¿no sería también Du Guesclin un cínico?
Don Hugo: Indudablemente, aunque fuera un bruto. Aquella guerra interminable en la que hizo fortuna con sus Compañías Blancas, en una Francia que había dejado de ser dulce, le escarmentó sin necesidad de lecturas.
Don Víctor: Lo de “ni quito ni pongo rey, pero ayudo a mi señor” es la cima de la gramática parda.
Don Hugo: Fíjese usted, don Víctor: llevamos tanto camino andado que he dejado de estremecerme como cuando de niño me enfrenté con este ejemplo tan nombrado de la maldad humana.
Don Víctor: A veces pienso, don Hugo, que merecería usted ser florentino.