
Don Víctor: ¡No, no, don Hugo, no se preocupe usted, si estoy encantado con esta lumbalgia!
Don Hugo: Pero, don Víctor, ¿por dónde me sale usted ahora?
Don Víctor: El mal está bien diagnosticado y no he tenido que discutir con ningún negacionista.
Don Hugo: Pero, ¿mejora usted?, ¿ya ha hecho la tabla de ejercicios que le recomendé?
Don Víctor: Todavía sigo igual, aunque he cumplido sus instrucciones.
Don Hugo: Entonces, ¿qué? Ya se habrá usted aplicado calor, ¿verdad?
Don Víctor: Sí, sí, seguro que mañana empezaré a notar algo.
Don Hugo: ¿Y cómo es que está usted contento con su dolor?
Don Víctor: Los remedios son razonables, proporcionados y muy esperanzadores, no como los del cambio climático.
Don Hugo: ¡Acabáramos!… Por eso aquello de los negacionistas, ¿no?
Don Víctor: Claro, ¿No le parece que, en lugar de extraviarnos buscándole tres pies al gato con aquello de que lo del cambio climático es mentira, deberíamos concentrarnos en la posible malicia de las soluciones que se nos imponen?
Don Hugo: Deme usted un ejemplo, don Víctor.
Don Víctor: El coche eléctrico. ¿Cuánto se van a tener que gastar los particulares en cambiar precipitadamente de coche sin haber amortizado el que tienen?
Don Hugo: Pues es verdad. ¿Y también cuánto va a costar al contribuyente la enorme red eléctrica que alimente todos los cargadores de baterías?
Don Víctor: Sin contar con la extracción y el futuro deshecho de litio u otros materiales igualmente contaminantes para fabricarlas.
Don Hugo: ¿Cuántos miles de toneladas de carbón no está quemando Alemania para producir la energía necesaria a la fabricación de los nuevos automóviles?
Don Víctor: ¡Basta, don Hugo! Súmese todo ese dispendio, considérese toda la contaminación generada y compárese ahora con lo que supone para el medio ambiente sustituir el actual parque de automóviles…
Don Hugo: Dígame: ¿cómo salen esas cuentas?
Don Víctor: ¡Nadie las ha sacado! Ni siquiera se ha planteado la cuestión.
Don Hugo: Igualito que las cacicadas de antaño… ¡sólo que a escala mundial!
Don Víctor: ¿Sabe lo que le digo, don Hugo?… ¡Que me estoy sintiendo bastante mejor. Fíjese usted… ¡ya me yergo del todo!