Como de Arniches

Don Hugo: Fue ver mi hijo Luis a Klaus Kinski en un par de películas y se le antojó tener el pelo lacio de los germánicos… ya ve usted, él que lo tenía tan rizado y abundante.

Don Víctor: Pero, don Hugo, ¿cómo se le ocurre hablar de aquello ahora que vamos a una reunión tan importante para la Fundación, aquí en Manhattan?

Don Hugo: Precisamente, don Víctor, ¡pura añoranza de nuestro casticismo en este ambiente tan aséptico y abrumador! La cosa va por el barbero de mi calle. Luis le dijo que le entresacara el cabello, a lo cual respondió que “hombre, es que como ties el pelo tan fino, te se va a ver el casco”. ¡Y no se lo entresacó!

Don Víctor: Muy bien, muy bien, don Hugo, pero concentrémonos. Le confieso que estoy un poco nervioso…

Don Hugo: Pues, en otra ocasión, se dio la circunstancia contraria. Quería el chico que le rapara al uno, como a usted, porque tenía mucho calor.

Don Víctor: No sé si conseguiré explicarme con fluidez en inglés.

Don Hugo: Que sí, hombre, don Víctor, que sí, ¡usted tranquilo!… Bueno, pues esta vez sí que accedió y, como iban apareciendo en el cuero cabelludo señales de descalabros y cicatrices, le dijo: “A este paso te se van a ver las peripecias vitales”.

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