
Don Hugo: Por eso le decía a usted, don Víctor, que me parece percibir un sentido moral en aquella situación del oficinista de “El malvado Carabel”: de tanto respirar aire viciado de tabaco, llega a la Casa de Campo y el aire puro le acarrea un soponcio.
Don Víctor: Eso se parece a aquello otro de “El proceso”, de Kafka, en que el pintor atrabiliario…
Don Hugo: ¡Titorelli!
Don Víctor: El mismo… ambiguo como la Serpiente, no puede tolerar que se le abra la ventana de su pestilente estudio.
Don Hugo: Es cierto, éste es un ejemplo mejor de cómo lo físico traduce un déficit moral. Se trata de una somatización: el cuerpo expresa la psique.
Don Víctor: No olvide usted que Satanás huele a azufre.
Don Hugo: ¿Recuerda usted, don Víctor, una de aquellas ocasiones en que coincidimos en Las Ventas con el periodista William Lyon? Tras ver cómo El Litri hijo dio, excepcionalmente, dos pases de frente, con la muleta plana y cargando la suerte…
Don Víctor: Y por una vez se ganó un par de oles.
Don Hugo: … para volver luego a las malas prácticas de siempre…
Don Víctor: ¡Toreo de maula!
Don Hugo: … se volvió don William y nos dijo: “Mucho tiempo de vicios para poder volver a la virtud”.
Don Víctor: Se adentra uno tanto en la maldad que a la postre acaba por quemar sus naves. El propósito de enmienda se hace imposible. Es Macbeth declarando que “estoy nadando en un mar de sangre, y tan lejos de la orilla, que me es indiferente bogar adelante o atrás”.