
Don Víctor: Estuve pensando mucho en cuanto afirma Bandura a propósito de la saciación en el libro que me prestó usted…
Don Hugo: ¡Qué bonito! Saciación: modificación de una conducta indeseada por medio de la exposición masiva al estímulo, aversivo o excesivamente placentero, que desencadena la ansiedad o el excesivo deseo, y cuya relación causa-efecto quiere erradicarse. En definitiva, que en caso de que el estímulo sea atractivo, estragando, se rechaza lo que antes atraía tanto o incluso demasiado.
Don Víctor: … pero me pregunto yo, don Hugo, si era necesaria tanta experimentación, tantas sesudas páginas, amén de miles de dólares, cuando ya nuestro Cervantes en “Los habladores” lo expone teatralmente.
Don Hugo: ¡Qué gracioso! Aquel caballero que, para curar a su mujer de su incontenible verborrea, recurre a un charlatán que, hablando aún más que ella, conseguirá enmudecerla.
Don Víctor: sí, “enmudecer con hablar”…Por entonces también un dramaturgo inglés hizo decir al duque de Iliria, Orsino…
Don Hugo: ¡Pero si es Shakespeare!… “Si la música es el alimento del amor, seguid tocando, para empacharme yo de ella y que así, estragado, mi apetito enferme y a la postre muera”.
Don Víctor: Me pregunto yo, don Hugo, si no beberán todos en Ovidio, incluido su conductista Bandura. Escuche usted: “Sáciate hasta que te rebose la garganta. Goza de tu amiga sin tregua, sin obstáculo; que ocupe ella tus noches y tus días. Busca la hartura. También la saciedad es un medio de curarse. Aun cuando creas poder pasar sin tu amiga, insiste hasta que estés bien ahíto, hasta que la abundancia se lleve el amor y no quieras ya permanecer en ella”.
Don Hugo: Sí, hombre, eso es del “Arte de amar”, capítulo titulado “Busca el fin del amor en la hartura”.
Don Víctor: Aclarado… pero dígame usted, don Hugo, con lo bien que lo pasamos siempre comiendo juntos, ¿por qué demonios me ha traído usted esta vez a un japonés?
Don Hugo: Precisamente por eso, don Víctor: ¡para que no se me sacie usted!