
Don Hugo: No le dé usted más vueltas, don Víctor. El chico es de la estirpe de Alejandro. ¿Qué nudo gordiano ni qué porras? ¿Voy a estar yo perdiendo el tiempo tirando de un cabo y luego del otro, como si aquello fueran los cubos de Rubik? Le meto un tajo y Sanseacabó.
Don Víctor: No lo crea usted, don Hugo. El muchacho que, jugando al fútbol, decide coger el esférico con las dos manos y arrea a correr, hurtando el cuerpo al rival, hasta colocarlo en la portería contraria, más que alejandrino, encarna el afloramiento del sustrato céltico, mayoritario en su nación, por mucho que lo quiera disciplinar el ordenancismo germánico. Lo que en el fútbol es falta, aquí es norma.
Don Hugo: Me ha convencido usted, don Víctor. Lo veo claro, tanto es así que ahora me explico el por qué de la forma apepinada del balón de rugby. ¿Para dónde botará? ¡Qué incierto, qué imprevisible!
Don Víctor: El entrelazo céltico que adorna los pergaminos de los monasterios, configura las trenzas de Iseo la Rubia y teje los entrechats de las jigas.
Don Hugo: William Webb Ellis es, hasta el momento, el último héroe celta.
Don Víctor: De la estirpe del rey Arturo y no de la de Alejandro.