
Don Hugo: No encuentro más que ecolalias.
Don Víctor: Yo veo repetición obsesiva de palabras o expresiones…
Don Hugo: ¡Glosolalias!
Don Víctor: Neologismos caprichosos…
Don Hugo: ¡Esquizofasia!
Don Víctor: ¿Se refiere usted a un pseudo-lenguaje, absurdo y sin ilación?
Don Hugo: Exactamente… y también paralogismos, o sea traslación a un significante de un significado que le es totalmente ajeno
Don Víctor: ¡Pues vaya balance que hace usted de la obra de ese poeta amigo suyo!
Don Hugo: La verdad es que me veo en un auténtico compromiso. No tengo ni idea de cómo presentar su libro allá en la SGAE.
Don Víctor: Es cierto, don Hugo, que la poesía contemporánea, de tan experimental, no sale del camino de la locura, inducida o no por las drogas, que no lleva a ninguna parte. Es un fondo de saco.
Don Hugo: Y, sin embargo, en sus inicios, ¡cuánta belleza y cuánto asombro no proporcionarían al lector sensible aquellas rupturas de la sintaxis, junto con las palabras inventadas o desplazadas!
Don Víctor: Se atrevieron entonces a desafiar el imperativo hugoliano de “¡Muerte a la retórica y paz a la sintaxis!…
Don Hugo: Claro, don Víctor. Rimbaud logró así, por vez primera, apelar directamente al fondo inconsciente del lector. Fíjese en este poema: cómo los adjetivos que voy a señalarle, aun pareciendo, en una primera lectura, actuar como adverbios, son, en su intención, verdaderos complementos directos contra toda lógica sintáctica y natural… pero es que, justamente por ello, cobran tanta intensidad psíquica: “La estrella ha llorado rosa…”
Don Víctor: ¡”Rosa”!
Don Hugo: “… en el corazón de tus oídos. / El infinito desarrollado blanco…”
Don Víctor: “¡Blanco!”
Don Hugo: “… desde tu nuca por toda la espalda.”
Don Víctor: Pero, don Hugo, si lo estoy experimentando ahora mismo. Repare usted en cómo su balcón despliega en este momento blanco por toda su mesa, destruyendo la sintaxis de la perspectiva clásica.
Don Hugo: Es verdad, don Víctor, esta tarde voy a intentar pintar este efecto para trasladar a la pintura esta fecundante iconoclastia poética.
Don Víctor: Muy bien, don Hugo, pero volvamos al poema… ¡Es bellísimo!… De lo que más me encandila de Rimbaud… ahora bien, es como asomarse a un abismo con el borde engastado de tentadoras gemas, pero ¡ay de quien, codiciando aquéllas que insinúan sus brillos más abajo, acabe por precipitarse en las fauces del monstruo!