Enemigos

Don Víctor: Como creador que era nuestro querido Víctor Hugo, y tan prolífico, no podía por menos que condenar al militar destructor. Oiga usted, don Hugo, lo que dice de Omar, quien quemara la biblioteca de Alejandría: “La cimitarra es el sublime ideal. Es peor que estúpido. Es turco”.

Don Hugo: Entiendo que estúpido pues sirve para matar, y turco porque mata más.

Don Víctor: Usted, don Hugo, ¿a quién atribuye la fama de tontos que siempre adjudicamos a aquellos temibles extranjeros?

Don Hugo: Pues, en primer lugar, por necesidad psíquica de ridiculizar al enemigo temido, rebajando así su peligrosidad. Y también porque el turco, tal y como denunciara Baudelaire, consume una mezcla de hasch y alcohol, que lo embrutece.

Don Víctor: De ahí lo de las “curdas”, que los curdos para nosotros eran unos turcos más.

Don Hugo: También a los franceses, don Víctor, los tachamos de cornudos y afectados… ¡la verdad es que vaya par de enemigos de categoría!… de ésos que le ponen a uno en valor.

Don Víctor: En cambio, de los ingleses decía mi tía Rosa que “como amigos, son encantadores, pero, como enemigos, son de lo más desagradable”.

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