
Don Hugo: Ya es hora de actualizarse, don Víctor. Hace tiempo que vengo pensando en que se debería pasar del 4-2-3 al 4-1-4.
Don Víctor: Imposible, don Hugo; no salen las cuentas. Le falta un jugador. ¡Ah, ya entiendo!… Quiere usted aplicar el sistema decimal también al fútbol.
Don Hugo: ¿Qué fútbol dice usted? Le estoy hablando del enigma.
Don Víctor: Pues eso, ¡el enigma de Helenio Herrera que pensaba como usted, que era mejor jugar con diez que con once!
Don Hugo: No, hombre, no. ¡Edipo, Edipo!
Don Víctor: ¡Arrea! Otra vez con Freud…
Don Hugo: Calle y escuche, mirando a la esfinge: “¿Qué animal camina, primero, a cuatro patas; luego, sobre dos; y, por último, sustentándose en tres?”
Don Víctor: Mire que la tenía delante y que no me daba cuenta… entonces ¿por qué pasar de cuatro patas a una y luego a cuatro? ¿Es que hay un cojo de por medio?
Don Hugo: No, se trata de una actualización postural.
Don Víctor: Luego se me queja la fisioterapeuta de que no para usted de hablar, don Hugo. Yo estoy siempre callado porque creo que así la chica se concentra mejor.
Don Hugo: Precisamente hablando con ella, me surgió esta idea, que es más comprehensiva porque incluye también la vida intrauterina. Empieza el feto como un cuatro, el niño se yergue pronto como un uno y, cuando nos hagamos viejos, volveremos a plegarnos en cuatro… Ayer estuve explicando a la señorita Carmen que el cuerpo es un bucle y que acabamos como empezamos. En definitiva, el soma tiende a volver a la indefinición previa a la concepción, a esa tierra de nadie, tal y como sostiene Freud.
Don Víctor: Ya veo; no en vano los primitivos enterraban a los suyos en posición fetal… pero deje usted a Freud, hombre, y no le caliente los cascos a Carmencita… ¡no sea que nos despache y acabemos convertidos usted y yo en un cuatro antes de tiempo!