Caer

Don Hugo: Saque usted una papeleta al azar, don Víctor… Yo leo la primera: “A nuestro amor demos placiente y entero cumplimiento”.

Don Víctor: ¡Qué bien, don Hugo, un ratito en la Edad Media! A ver qué saco yo… “Y en uno habremos toda la noche, uno del otro, fiesta y placer”.

Don Hugo: ¡Qué suerte, don Víctor, venía que ni pintado!… “Hallé su boca sabrosa e la saliva templada”. ¡Esto es increíble! Es como si el propio Amor fuera ensartando las papeletas en su flecha al ritmo de sus pasos.

Don Víctor: “Ce fut lors que Guenièvre dit sa prière secrète avec Lancelot”…

Don Hugo: Sí, la que acaba usted de leer me la mandó  Dupré. Sigamos:“E allí la doncella y Palmerín tuvieron su secreta conversación”.

Don Víctor: ¡Arrea! Fíjese lo que me ha salido: “E los dos quedaron en uno”.

Don Hugo: A ver la última… “e navegaron en ansias”… ¿qué son las ansias sino mareo febril que nos desequilibra y, paradójicamente, haciéndonos caer en lo físico, nos empuja hacia arriba en lo anímico?

Don Víctor: Sin duda alguna, don Hugo. ¿Y qué es “navegar” sino un continuo caer y remontar?

Don Hugo: Siempre me dolió que nuestra lengua, a diferencia del francés y el inglés, no recoja en una expresión esta emoción.

Don Víctor: Ese “tomber amoureux” de los franceses y “to fall in love” de los ingleses… el desfallecimiento de amor.

Don Hugo: Sí, ese abismarse hasta la extenuación, esa desintegración dionisíaca en el gran todo, la aniquilación del ser…

Don Víctor: Nos ha faltado acuñar algo a lo que nos hemos aproximado siempre… pero dígame, don Hugo, ¿no hay algo en “La Regenta” sobre “caer enamorada”?…

Don Hugo: Es verdad… “Se sentía caer en un abismo de flores. Aquello era caer, sí, pero caer al cielo… La regenta cayendo, cayendo, era feliz; sentía el mareo de la caída en las entrañas”.

Don Víctor: No puede ser, don Hugo… ¡Pues no traigo en la cartera unas entradas para que vayamos mañana a ver, con Dolores y Julita, “La Nave de Amores” de Gil y Vicente!… ¡Ay, que me está dando un mareo!

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