Malas lecturas

Don Hugo: Oiga, don Víctor, ¿de qué iba la primera lectura, que no me he enterado de nada?

Don Víctor: Claro, don Hugo, es que ese señor hablaba para el cuello de su camisa y pronunciaba muy mal. Yo sólo he entendido que el brazo del Señor es poderoso.

Don Hugo: Sí, hombre, pero eso ya lo traía usted sabido de antes de que acabara la guerra.

Don Víctor: Pues la señora que leyó la epístola no daba una con su prosodia errática: ¡ni un solo acento en su sitio, ni puntos ni comas, palabras encabalgadas, nulas inflexiones de voz!

Don Hugo: Sí, pero al menos su dicción era algo mejor y he podido ir reconstruyendo su discurso… pero, claro, convertido el desciframiento de la epístola en un rosario de acertijos, no he prestado demasiada atención al mensaje…

Don Víctor: Le tengo que pasar una noticia que leí en la prensa sobre un periodista que enseña a leer en misa.

Don Hugo: Estoy pensando, don Víctor, y no lo digo en broma, que la próxima vez en que vayamos juntos a misa, primero nos pasamos por la sacristía y le decimos al cura que o leemos nosotros o que nos vamos a tomar el vermú.

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