Günter Netzer

Don Hugo: Y me pregunto yo, don Víctor, ¿por qué se dirá “trabajar como un enano”?

Don Víctor: Veo que a Freud no le dio tiempo a explicarlo, pero déjeme usted, don Hugo, que sea yo quien, por una vez, imagine su respuesta.

Don Hugo: ¡No faltaba más! Por eso se lo pregunto.

Don Víctor: Dado su profundo conocimiento, no sólo de la mitología clásica sino también de la germánica, él afirmaría que se debe al submundo productivo de los laboriosos nibelungos, incansables mineros y herreros, dotados de la disciplina, el vigor y la pequeñez de las hormigas. Unos y otras se fatigan y guardan sus tesoros en el secreto de insondables subterráneos.

Don Hugo: Esto nos lleva a hundirnos en el subconsciente. El monstruoso y avaro enano no deja de ser el impulso reprimido tornándose peligrosamente bestial para el equilibrio psíquico.

Don Víctor: En el mundo medieval, lo extremo, ya sea la pequeñez del enano…

Don Hugo: El instinto regolfado se comprime y deforma.

Don Víctor: … ya sea el colosalismo del gigante…

Don Hugo: ¡El Superyo!

Don Víctor: … son siempre elementos negativos que amenazan al caballero.

Don Hugo: ¿Recuerda usted, don Víctor, aquel fichaje tan sonado del Madrid, el alemán Günter Netzer?

Don Víctor: Sí, claro un auténtico héroe tedesco.

Don Hugo: Pues los periodistas deportivos dieron en llamarle “El Nibelungo”, ya ve usted, don Víctor, … ¡a aquel buen mozo!

Don Víctor: Sería que era muy laborioso y ahorrativo… pero, en todo caso, y para que no nos motejen de nibelungos, de ninguna manera creo que debamos tomarnos el trabajo de hacernos, para los carnavales, los disfraces de Wotan y Sigfrido.

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