¿Suelto o recogido?

Don Hugo: Caído el vestido, ya sólo falta que se suelte el pelo.

Don Víctor: Hay mucho disimulo y mucha ambigüedad en este Veronese, don Hugo. Fíjese que mientras el marido contempla arrobado lo que al espectador se le oculta, el amante, fingiéndose distraído, desliza un billete amoroso entre los dedos de la bella.

Don Hugo: ¿Qué quiere usted, don Víctor?… Yo prefiero que aún no haya llegado el momento en que desanude el moño y se derrame la cascada de sus cabellos velando el cuello, los hombros y la espalda…

Don Víctor: ¡Qué duda cabe que el cabello trenzado, sujeto y recogido sobre la nuca muestra la elegante compostura y el modesto recato de la perfecta casada…

Don Hugo: … amén de exhibir la delicadeza del cuello. Es además un artificio muy ingenioso por su carácter reversible que le dota de esa geometría variable que tanto gusta a los ingenieros aeronáuticos.

Don Víctor: Es algo así como lo que proclamaba con orgullo de madre Teodora, la asistenta de Isidro Cuenca: que su hijo, el que había emigrado a Nueva York, tenía un coche descapotable y capotable.

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