Poli Díaz y Fortuny

Don Hugo: ¡Cuánto le he agradecido siempre, don Víctor, que me invitara tantas veces a ir con usted al Campo del Gas, a las veladas boxísticas, animadas por Bobby Deglané!

Don Víctor: ¡Qué recuerdos, don Hugo!… ¡Y cómo quedó atrás toda aquella efervescencia de los Urtain, Pepito Legrá, Carrasco, Dum Dum Pacheco, Perico Fernández…!

Don Hugo: ¡Con qué ilusión volvimos al boxeo años más tarde cuando apareció Poli Díaz!

Don Víctor: ¡Y qué poco nos duró el último púgil popular!

Don Hugo: Recuerdo que en una entrevista del Marca, el periodista le reprochaba su falta de técnica, a lo cual él respondió que “pa qué quería él la técnica, si ganaba todos los combates por KO”…

Don Víctor: Lo clava usted, don Hugo; podría haberse dedicado a caricato.

Don Hugo: … y ahí estuvo su tendón de Aquiles porque, dígame usted, don Víctor, ¿qué es la técnica sino la mejor garantía de una carrera larga y fructuosa?

Don Víctor: Evidentemente, la técnica exige un largo y laborioso aprendizaje, no exento de sacrificios, que proporciona al cabo la maestría en el oficio, al tiempo que forja la perseverancia, la voluntad, la templanza y la fortaleza moral y mental, condiciones de la madurez de la persona.

Don Hugo: Me está usted describiendo la formación de un artesano medieval, que no es sino el mismo proceso que hemos seguido tan largamente hasta hace poco quienes hemos culminado los estudios en la universidad.

Don Víctor: Como que estudiantes y catedráticos formaban también un mismo gremio.

Don Hugo: No lo pudo resumir mejor Fortuny, a quien sólo le falló su tiempo: “Pensar como artista, trabajar como artesano”.

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