
Don Víctor: Creo que era Liszt quien despreciaba la música de los zíngaros pues, en su opinión, no hacían más que desvirtuar el folklore húngaro.
Don Hugo: Sí, hasta el punto de que cuando nos los mencionan, lo primero que nos viene a la cabeza es un grupo de gitanos haciendo bailar, con sus violines, a las aldeanas en la fiesta del vino nuevo.
Don Víctor: En cualquier caso no ha trascendido ninguna creación elevada de aquella gitanización… por eso le proponía yo que miráramos de organizar una excursión a Hungría para cerciorarnos por nosotros mismos.
Don Hugo: Ya me gustaría poder desmentir a Liszt, que era tan engreído, pero me temo que habremos de darle la razón por esta vez… En cambio, qué acierto el de Falla, Lorca, Juan Ramón y Ortega y Munilla, junto a todos lo demás, reconociendo a tiempo el valor cimero y único de nuestro flamenco en el folklore europeo.
Don Víctor: Ningún gitano ha brillado en el mundo más que el gitano español.
Don Hugo: Tenga usted en cuenta que llegan a España en el siglo XV y hallan, no digo un sustrato, sino un contexto cultural muy orientalizante, no sólo por la presencia de moriscos y judíos, sino porque los cristianos habían adoptado muchos de sus ritos y costumbres.
Don Víctor: ¿No tomaron la Petenera directamente de los hebreos españoles?
Don Hugo (cantando): ¿Ánde vas, bella judía / tan compuesta y a deshora?/ Voy en busca de Rebeco / Voy a ver a mi Rebeco / Que está en la sinagoga. / ¿Ánde vas, bella judía / tan compuesta y a deshora?
Don Víctor: Además es que, frente al nomadismo crónico de los otros gitanos, el español pronto crea asentamientos permanentes y se hace con oficios propios, como la fragua y la trata de caballerías.
Don Hugo: Qué duda cabe que nuestros gitanos encontraron en España una especie de tierra prometida en la que su arte pudiera arraigar y florecer. Ya lo dijo Federico García Lorca, que el gitano andaluz era “lo más elevado, lo más profundo y lo más aristocrático”.
Don Víctor: Sí, don Hugo, hasta que llegó la Ilustración con las rebajas y las persecuciones… y, sin embargo, fue entonces cuando eclosionó el flamenco.
Don Hugo: Fíjese, don Víctor, que la única vez en que me enfrenté a mis padres fue, recién acabada la guerra, cuando tras haber vuelto de ver un espectáculo flamenco, les espeté que por qué “no me habían nacido gitano”.
Don Víctor: ¡Atiza!
Don Hugo: A mis padres les entró la risa y se pusieron a cantar al alimón (cantando por soleares): Como los judíos tú eres/ Tú eres como los judíos…
Don Víctor y don Hugo (cantando): Que aunque te quemen la ropa / Puesta en er cuerpo / No niegas de lo que has sío.