
Don Víctor: Ahí los tiene usted, don Hugo, con la barba sobre el hombro, como aquellos conquistadores en América, siempre bajo la amenaza de los indígenas acechantes.
Don Hugo: Como que en el momento más inesperado, sale el indio flechero a darles rebatos.
Don Víctor: En el caso de los españoles, cabe hablar de épica; no así en el de estos manteros, hombres de negocios, diría yo.
Don Hugo: Cierto, don Víctor, pero aunque las circunstancias sean muy distintas y estos negros no estén amenazados de muerte, no dude usted de que los mecanismos psicológicos son idénticos: la ansiedad permanente ante una situación de riesgo, con sus correspondientes mímicas.
Don Víctor: Esto me trae a la mente aquello que cuenta Montaigne de aquel fugitivo que, tan desgastado por una huida constante y un terror invasivo…
Don Hugo: Muy bien, don Víctor: ¡”invasivo”! y no “pervasivo” como suelo leer en las traducciones de los Psychological Abstracts.
Don Víctor: … a ser capturado y castigado, decidió, a la postre, entregarse aun con la seguridad de estar destinado a la pena capital.
Don Hugo: Claro, ¿no nos pasamos toda la vida corriendo y haciendo quiebros a la Muerte hasta que al final “descansamos en paz”?