El bueno de Bermúdez

Don Hugo: Oiga, don Víctor, ¿qué fue de aquel Bermúdez, tan simpático, al que invitaba usted siempre a los toros?

Don Víctor: Pues mire usted, don Hugo, el otro día precisamente me encontré a ese amigo suyo, Celso, el bajito aquel…

Don Hugo: ¡Ah, sí, el tal Celso! Entre los dos qué pareja tan cómica formaban, qué chascarrillos tan graciosos sabían contar…

Don Víctor: Parecían salidos del género chico… pues el caso es que… ¡Bermúdez está en la sombra!

Don Hugo: ¿Qué me dice usted?, ¿ en Carabanchel?

Don Víctor: En Carabanchel o en el penal de Ocaña, no lo sé de cierto… Al parecer se hacía pasar por inspector de Sanidad e iba por los bares…

Don Hugo: ¡Trabajo no le faltaría, desde luego!…

Don Víctor: … como siempre encontraba irregularidades, se dejaba obsequiar un poquito con la condición de que el patrón pusiera las cosas en orden para la próxima visita…

Don Hugo: Pues mire usted, don Víctor, por buscarle un atenuante, yo diría que, al menos, lo que no hacen las autoridades, lo hacía él por menos precio.

Don Víctor: No debía abusar nada, pero al final le pillaron al pobre…

Don Hugo: Claro, si es que tanto va el cántaro a la fuente…

Don Víctor: Lo mejor es lo que me dijo Celso: “Fíjese usted, don Víctor, con todo lo que roban banqueros y peces gordos y siempre se van de rositas y el bueno de Bermúdez, que no hace daño a nadie, pagando por todos, ¡con lo salao que es!”

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