
Don Víctor: Tratándose del Duque de Mantua, siempre le superpongo el rostro de don Alfredo, con permiso de don Tiziano.
Don Hugo: Ya lo dijo el embajador de Francia, cuando le concedieron la Legión de Honor: que Kraus fue el mejor Duque de Mantua que diera la ópera.
Don Víctor: ¡Vaya pájaro de cuenta que debía de ser el tal Duque!… Acusar de liviano y voluble a todo el sexo femenino cuando él era un donjuán.
Don Hugo: Sí, don Víctor, se trata del mecanismo de defensa llamado “proyección”; así, para ocultarme a mí mismo mis defectos, los traslado, o sea proyecto, magnificándolos de paso, en los demás.
Don Víctor: Pues vaya un descubrimiento, don Hugo… si eso ya lo diagnosticó Jesucristo hace más de dos mil años con lo de la paja y la viga…
Don Hugo: Lo mismo aparece también en “Los claveles” del Maestro Serrano, cuando el tal Fernando, que no hace más que dar achares a la pobre Rosa, que está colada por él, canta aquello de “Mujeres, mariposillas locas que jugáis con los quereres y vais de flor en flor…”
Don Víctor: Sí, pero el verdadero Duque de Mantua tampoco se engañaría tanto a sí mismo cuando encargó semejante retrato para buscar esposa. Este rosario que lleva al cuello significa el arrepentimiento por su vida de calavera.
Don Hugo: Claro, y el bichón maltés, el más fiel de los perros, es sin duda promesa de fidelidad.
Don Víctor: ¡No más francachelas!
Don Hugo: Y lo mejor de todo es que probablemente fuera sincero en sus buenos propósitos.
Don Víctor: Como sincero es cuando canta el “Parmi veder le lagrime”, por más que su inconstancia le lleve a olvidar enseguida a Gilda por Maddalena.
Don Hugo: Me lo estoy imaginando, muy contrito, ordenar a su bufón que ya no cante “La donna è mobile”, sino aquello del payaso Ramper: “Un automóvile, dos automóviles, tres automóviles… y un sidecar…”