
Don Víctor: Óigame usted, don Hugo, ¿queda mucho para llegar?, que esta cuesta no acaba nunca. ¿Adónde vamos exactamente?
Don Hugo: No se preocupe usted, don Víctor, que, según la guía Michelín -que nunca miente-, estamos a punto de llegar a un miradouro ¡con tres estrellas!
Don Víctor: Si lo dice la guía Michelín, habrán merecido la pena tantos escalones.
Don Hugo: A quien algo quiere, ¡algo le cuesta! No habría llegado la Humanidad a donde ha llegado si no hubiera asentado un escalón sólidamente sobre el anterior: Platón sobre Sócrates, Aristóteles sobre Platón, Santo Tomás sobre Aristóteles, Descartes sobre Santo Tomás…
Don Víctor: Sí, Menotti, filósofo del fútbol, sobre Descartes, y por encima de todos ¡Pep Guardiola!.. sin embargo, reconózcame usted, don Hugo, que aquellas autoridades ya no son lo que fueron. ¿Quién los tiene en cuenta hoy?
Don Hugo: Es verdad, ¿dónde yacen ahora sus escritos, quién sigue sus principios?
Don Víctor: Como decía Villon, ¿dónde quedaron las nieves de antaño?
Don Hugo: Todo es mudanza: lo que hoy aparece en internet, mañana no lo encuentra ni su padre.
Don Víctor: Y así, ¡ya me dirá usted, don Hugo!, no hay quien se aclare.
Don Hugo: Antes valía aquello de Pilatos, de que “lo escrito, escrito está”.
Don Víctor: Como aquella canción de Negrete, en que el charro se jacta de que “Mi palabra es escritura”.
Don Hugo: Sí, sí, la escritura permanece en los libros… pero ¿quién abre ya un libro?
Don Víctor: Ni nos queda Platón.
Don Hugo: Ni Aristóteles.
Don Víctor: Ni Kant.
Don Hugo: Ni Hegel.
Don Víctor: Y pronto, ¡ni la Guía Michelín!