
Don Víctor: Lamento mucho tener que decirlo, don Hugo, pero hay que admitir que incluso nuestros más grandes poetas han incurrido en feos ripios.
Don Hugo: Pero, ¿se refiere usted, don Víctor, a los grandes grandes, a los de nuestro Siglo de Oro?
Don Víctor: Me temo que sí. El mismo Quevedo, con sus “idos” y “ados” que plagan incluso el “Miré los muros de la patria mía”.
Don Hugo: Bueno, sí, pero Góngora…
Don Víctor:… pues también se tropieza uno con rimas hechas de participios…
Don Hugo: A mí, la verdad sea dicha, sí me había molestado en alguna ocasión en Machado.
Don Víctor: ¿Manuel o Antonio?
Don Hugo: No, no, Antonio, Antonio… Aquello de “La primavera ha venido / Nadie sabe cómo ha sido”
Don Víctor: ¡Atiza, si parece de Campoamor!
Don Hugo: Qué gran poeta cómico hubiera sido ése si hubiese caído en la cuenta. “El amor es triste, / pero triste y todo, / es lo mejor que existe.”
Don Víctor: Sí, sí, todo lo que usted quiera, don Hugo, pero al menos no son participios.
Don Hugo: No obstante ser el rey del ripio, Zorrilla tiene el mérito de hacerlos siempre amenos, fluidos, muy sonoros… ¡nunca enfadan!
Don Víctor: Sí, sí, todo eso es bien cierto, don Hugo, pero aunque no se trate de ripios, también alumbró monstruos contrahechos: “Es una tarde nublada / Que espléndido el sol no alumbra”
Don Hugo: Al final, creo que me voy a quedar con Campoamor…