
Don Hugo: Lo mismo que ve usted en esta serie de Botticelli, así era la costa cuando de pequeños nos llevaban a veranear a aquella casa de pescadores.
Don Víctor: Pues este verano nos invitaron los hijos unos días a Julita y a mí y aquello era como Manhattan.
Don Hugo: Claro, primero un incendio que arrasa con todo, luego una recalificación, después un pelotazo urbanístico…
Don Víctor: … y por último, el que venga detrás, que arree.
Don Hugo: Como los hermanos Marx: vamos quemando los vagones para que la locomotora corra más deprisa.
Don Víctor: ¿Qué pintan los pobrecillos árboles en la España de hoy, ellos que son como monjes medievales?
Don Hugo: Es verdad, don Víctor, si son sombra, silencio, quietud y viven para la eternidad, sin precipitación.
Don Víctor: Esto es una nueva desamortización de Mendizábal: ni monasterios ni bosques.
Don Hugo: Mire usted la playa… Como han hecho cerca un puerto deportivo, han alterado las corrientes y ahora cada año hay que derramar toneladas de arena producida artificialmente, triturando piedras. Han desaparecido las praderas de posidonia del fondo marino… y ya es que no se ve ni una triste conchita en la orilla.
Don Víctor: Con usted, don Hugo, siempre acabo igual: con los pies metidos en el cuadro.