Danton y Robespierre

Don Víctor: ¿No le parece a usted una paradoja, don Hugo, que siendo la honradez la suma de las virtudes destinada a hacer el Bien de todos, Robespierre quisiera llevarla a tal extremo que se convirtiera en la principal amenaza de los franceses?

Don Hugo: Es cuanto ocurre cuando esa honradez es puramente intelectual y desconfía de los sentimientos. Teme que por la puerta del corazón se introduzca la infección que desvíe del recto camino de la Razón.

Don Víctor: Hasta el extremo de que el Incorruptible acabe siendo un asesino despiadado.

Don Hugo: No hubiera estado mal que Danton le hubiera prestado algo de su humanidad…

Don Víctor: ¡Alto ahí, don Hugo! Menos mal que no se habían inventado aún las transfusiones… Nunca Robespierre habría aceptado una gota de la sangre corrupta de aquel gigantón.

Don Hugo: Pero, aunque de vida airada, Danton sabía llegar a los demás, era capaz de conmoverse antes sus semejantes… ¡los quería!

Don Víctor: Insiste usted entonces en que lo ideal hubiera sido una mayor colaboración, incluso un cóctel de los dos…

Don Hugo: A veces, don Víctor, llego a pensar si el loco de Marat no encarnaría la síntesis hegeliana entre uno y otro…

Don Víctor: No se equivoque usted; la síntesis hegeliana entre Robespierre y Danton es el cuchillo de Charlotte Corday.

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