
Don Víctor: Ahora resulta que José Luis Moreno es malísimo. No sé… ¡que decidan los tribunales! No obstante, salga lo que salga, su labor al frente del Calderón ha sido encomiable.
Don Hugo: Es cierto. Fue la única alternativa privada con continuidad al oficial teatro de la Zarzuela.
Don Víctor: Cuántos años no habremos disfrutado yendo a sus temporadas líricas, ¿verdad, don Hugo?
Don Hugo: Sí, y viendo además lo que todos queremos ver: los títulos más populares, buenos cantantes, cuerpo de baile excelente y actores graciosos, con una buena orquesta.
Don Víctor: ¡No quiero ni pensar en el presupuesto que supone todo eso y los riesgos que asumió!
Don Hugo: Es aquello de que “por un perro que maté, ya me llaman mataperro”, olvidando mis muchas otras facetas e incluso si salvé vidas de otros muchos perros.
Don Víctor: Parece que nos falta tiempo para sumarnos a una buena lapidación en cuanto que se nos brinde el menor pretexto.
Don Hugo: Fíjese la simpatía que me inspirará a mí Alfonso Sastre por su postura política y las atrocidades que fue capaz de justificar públicamente y, sin embargo, ¿no le he dicho muchas veces a usted cuánto me gustaría que repusieran “La taberna fantástica”, por ser de gran calidad?
Don Víctor: Ahora me hace usted dudar porque tengo ya medio escrita una carta al director de ABC pidiendo que se recojan firmas para retirar el Caravaggio del Museo del Prado por ser la obra de un asesino.
Don Hugo: ¡Calle, don Víctor, no ve que era homosexual!
Don Víctor: ¡Como Moreno!