
Don Hugo: ¿Se acuerda usted, don Víctor, de aquel arranque del verano del 71 cuando por las calles de Madrid se vio a unas cuantas jovencitas caminar descalzas?
Don Víctor: ¡Es cierto!… fue tan fugaz aquello que llegué a pensar que acaso lo hubiera soñado. Nadie me lo había mencionado nunca…
Don Hugo: Claro que fue cierto. Yo atribuyo aquel fenómeno a Sandie Shaw, que por aquel entonces salía siempre descalza a cantar…. Y creo que a la postre combinaba mal lo negro de las plantas de los pies con la luminosa belleza de todas ellas.
Don Víctor: Casan mejor esos pies sucios con la ruda vida de los apóstoles que pintara Caravaggio… ¡Y qué cuidado que pusieron algunos pintores en representarlos limpios y frescos tras la escena del lavatorio!
Don Hugo: ¡Como que esos pies acababan de comulgar, don Víctor!
Don Víctor: De ese andar descalzos por los caminos tomaron ejemplo, con razón, las órdenes mendicantes descalzas.
Don Hugo: El héroe de todos los descalzos es, sin duda alguna, Abebe Bikila. ¡Aquél sí que fue un gran deportista!
Don Víctor: ¿Sabe qué ha declarado Elsa Pataky para explicar por qué su vida es un éxito?
Don Hugo: Recurriendo a Adler y su célebre teoría, imagino que su corta estatura queda compensada con creces por ese vigor físico que tanto le envidian las otras mujeres.
Don Víctor: Pues ella afirma que su familia, sus animales y andar descalza son los verdaderos motivos.
Don Hugo: ¡Pero si ella presta su carita y su cuerpo para la propaganda de la marca de calzado Gioseppo!… ¡Que no se entere su patrón, a ver si vamos a tener un disgusto!… En cualquier caso, no anda desencaminada la chica. ¿No tomaba el grandullón Anteo toda su fuerza del contacto con la tierra, su madre, y Heracles sólo pudo derrotarlo una vez que lo alzó del suelo y lo crujió en el aire?
Don Víctor: Tiene razón, don Hugo. Anteo era en eso igual a Abebe Bikila.