
Don Víctor: Atento, don Hugo, que ya sólo queda una vuelta.
Don Hugo: Un comentario más, don Víctor, y ya sólo atiendo al cronómetro… Lo que le estaba diciendo es que, en cuanto acabe la competición, me voy al hotel a seguir con mi comedia ática en la que Tiresias, mediocre atleta, al cambiar de sexo, arrasa en cuantas pruebas acomete.
Don Víctor: O sea que, en su obra, Tiresias acaba por jubilar a Eufemiano Fuentes, a las atletas alemanas del Este, a Armstrong, a los actuales deportistas rusos y al charcutero de Alberto Contador.
Don Hugo: Claro, es que aquello era hacer trampas y el Comité Internacional no podía más que sancionarlo.
Don Víctor: En cambio, se ve que trasplantar un cuerpo entero de un sexo al otro es menos grave que los anabolizantes, las hormonas masculinas y las transfusiones de sangre oxigenada…
Don Hugo: Ahí voy yo con mi comedia, don Víctor, que a ver quién es el guapo que se atreve hoy en Atenas a poner la menor traba a los transexuales, a riesgo de indisponer al mismísimo Zeus, que ya sabe usted como se las gasta…
Don Víctor: ¿Qué le dice Boadella, se la monta o no?