
Don Víctor: ¡Qué sabrosa conversación hemos tenido los cuatro con esto de la novela bizantina, con sus viajes, sus raptos, desapariciones, insospechados reencuentros con parientes perdidos y dados por muertos…!
Don Hugo: Es que lo que tienen estos antiguos puertos griegos, tan evocadores.
Don Víctor: ¿Cómo no reconocer en todo ello la mano de los dioses o el dictamen del Destino, al igual que en la tragedia clásica?
Don Hugo: Toda nuestra cultura está impregnada de ese sentido. Sin ir más lejos, don Víctor, me viene ahora a la memoria un relato de Maupassant. Y me dirá usted: “¿qué relación tiene el bueno de don Guy con Esquilo?… ¡Pues mucha!
Don Víctor: Pero, don Hugo, si yo, en principio, no lo niego…
Don Hugo: Hace bien. Figúrese usted a un marinero en un lupanar. Tras la prestación sexual, entabla conversación con la prostituta; atando cabos y anudando coincidencias, llegan a reconocerse como hermanos, separados mucho tiempo ha. Y lloran amargamente. ¿No se están riendo de nosotros los dioses crueles?
Don Víctor: ¡Pero si eso también lo tiene Agujetas en su fandango “Con un puñal la maté”! (cantando:) Con un puñal la maté…
Don Hugo y don Víctor (cantando:) Con un puñal yo fui y la maté / a una mujer de la vía / y cuando estaba en su agonía / nos dimos a conocer / y era hermana mía.