La vuelta al mundo

Don Víctor: Anoche estábamos Julita y yo viendo “La femme d´à côté”, de Truffaut, y nos hizo mucha gracia que el marido de Fanny Ardant la animara a ponerse aquel vestido tan atrevido “donde quieras, cuando quieras y con quien quieras”.

Don Hugo: ¡Qué pícaro Truffaut con tal de enseñarnos las maravillosas piernas de Fanny!

Don Víctor: Calle, calle, don Hugo, que lo que nos hizo reír fue lo que dijo para remate: que él “no era un marido español”.

Don Hugo: Tiene gracia porque precisamente ayer, releyendo unos capítulos del “Gil Blas de Santillana” de Lesage, me llamó la atención que allí se dijera a propósito de un médico casado de Madrid que “aunque español y ya viejo, no era celoso en absoluto”… Una vez más un claro ejemplo de proyección: Niego en mí los defectos que atribuyo al vecino.

Don Víctor: Sí, de hecho, nosotros hablamos de un marido “moro”.

Don Hugo: También, frente al tabú y el muy profundamente anclado temor a la homosexualidad, los pueblos achacan esta reprobada conducta al vecino.

Don Víctor: Es cierto, nosotros a los italianos.

Don Hugo: Me viene a la memoria aquel episodio de “El diablo cojuelo” en que el estudiante don Cleofás lanza con tal fuerza al italiano que, junto con otros extranjeros, le está incomodando, que da con él en una letrina “por que muriese hacia donde pecan”.

Don Víctor: Pues los franceses se lo endilgan a los griegos. Ya sabe usted eso de “Va te faire voir par les Grecs”.

Don Hugo: Sí, don Víctor, se ve con el ojo y, supuestamente, los griegos ven a los franceses con el ojete.

Don Víctor: Seguro que los griegos se lo encasquetan a los turcos.

Don Hugo: Sí, y éstos, quizás, a los persas y, así, como Elcano, acabamos por dar la vuelta al mundo.

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