Ley Celaá

Don Hugo: Le ruego, don Víctor, que se deje de una vez de ironías y no me interrumpa hasta que acabe el párrafo, por mucho que le cueste.

Don Víctor: De acuerdo, de acuerdo, don Hugo, acabemos con esto cuanto antes ya que se empeña.

Don Hugo (leyendo:) «Una propuesta competencial, que contempla ámbitos curriculares en los que se trabaja de forma interdisciplinar aprendizajes de varias materias…»

Don Víctor: ¡Socorro! ¡Pare, por favor, que me va a dar algo!

Don Hugo: La verdad, don Víctor, es que yo también me estaba quedando sin aire… Repasemos: «propuesta competencial»

Don Víctor: ¿Qué es eso: un desafío deportivo, un reparto de responsabilidades o una proposición deshonesta?

Don Hugo: Mucho me temo que lo último… Sigamos: «ámbitos curriculares».

Don Víctor: ¿Se refiere a pasillos y corredores, a circuitos de fórmula uno, a los encierros de San Fermín?

Don Hugo: Pues yo el currículo no lo enseño por más que se empeñe la ministra de Educación… Prosigamos: » en los que se trabaja de forma interdisciplinar aprendizajes de varias materias».

Don Víctor: ¡Ah, ya lo tengo!… el recreo dentro del aula, una casa de orates, quizás una performance donde unos moldean pellas de barro, otros salpican pintura a lo Pollock y una muchacha corre hasta estamparse contra la pared para que con su sangre se embadurnen sus cuerpos todos los oficiantes.

Don Hugo: Buena propuesta, don Víctor. Veo que lo va entendiendo a la perfección. De hecho el texto concluye: «ello favorece la coodocencia (sic) y el trabajo colaborativo del alumnado».

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