
Don Víctor: Pues es el traje más elegante que tengo, don Hugo… ¿Ni siquiera la raya diplomática?
Don Hugo: Nada de rayas ni de manchas que alteren la uniformidad de la prenda. Bien claro lo dice Moisés: «Veste, quae ex duobus texta est, non indueris».
Don Víctor: ¡Menos mal, don Hugo, que usted tampoco es que haga mucho caso de tales cosas!
Don Hugo: Claro, don Víctor, pero si vamos a entrevistarnos con un banquero judío para venderle las excelencias de nuestra fundación, podría haber tenido usted más cuidado… que nunca se sabe…
Don Víctor: Yo, la verdad, es que no tenía ni idea de todo esto.
Don Hugo: Pero, hombre de Dios, ¿cómo puede ignorar usted quiénes se han vestido a rayas desde la noche de los tiempos?
Don Víctor: Lleva usted razón. Hemos endosado las rayas a los presidiarios, los bufones, los juglares, las prostitutas, Arlequín… o a los criados con sus libreas.
Don Hugo: Volviendo al Levítico, el leproso ha de llevar el vestido rasgado.
Don Víctor: Sí, pero todo eso era en el Antiguo Régimen… Los presos de ahora visten ropa vaquera o de color butano. Y desde la Revolución Francesa la raya se lleva a gala. No hay más que ver los pantalones de los sans-culottes y los maillots de los marineros.
Don Hugo: Y tras la Revolución Industrial, se impone la velocidad, la agitación, la energía… y el Arte se viste también de rayas.
Don Víctor: ¡Y de rayos!… Dinamismo, juventud…
Don Hugo: Si parece diseñada por el propio Marinetti: ¡la camiseta del Rayo Vallecano!
Don Víctor: Acaso por esto de las rayas, a Julita nunca le han gustado los uniformes del fútbol en general, salvo el del Real Madrid.
Don Hugo: Julita ha dado en el clavo: los del Madrid van de blanco, que es el color de la pureza y el de los ángeles…
Don Víctor: Claro, mientras que las rayas son cosas del Demonio.
Don Hugo: Calle, don Víctor, que ya nos hacen pasar. Procure que no se le noten mucho esas rayas.