
Don Víctor: Tiene que encarnarse, ser un personaje, porque «la Maldad como cualquier abstracción no puede ser retenida en el pensamiento».
Don Hugo: Hay que ponerle ojos y cara, expresión, voz, ademanes, nombre y nacionalidad…. ¡en definitiva un traje!
Don Víctor: ¡Pero cuánto más atraen estos personajes que no los buenos!… Sin malvados no hay conflicto y por ello ni relato, ni tampoco ficción.
Don Hugo: En su infinita variedad, en su cálculo, astucia y creatividad, en sus abusos y violencias, en sus falsedades y engaños, en su crueldad, el malvado concita todo nuestro interés y hace palidecer a los buenos, siempre iguales entre sí, de una sola pieza, marcando rutinarios el sencillo paso de los buenos modales.
Don Víctor: El hecho es que desde niños sentimos una atracción preferente sobre todo por cuanto se refiere al miedo y al crimen… bueno, eso era antes, porque ahora ya no hay manera de encontrar para los nietos cuentos tradicionales donde se devoren niños… Se ve que el Demonio ya no anda suelto por el mundo.
Don Hugo: Es como si a la postre se hubieran llevado el gato al agua los conductistas con Bandura a la cabeza, que siempre postularon que la violencia en la típica película o serie americanas, constituye un acicate para que la juventud reproduzca esos comportamientos.
Don Víctor: ¿Cree usted, don Hugo, que a eso se debe que hasta hoy en día la Historia de la Humanidad haya sido tan violenta?
Don Hugo: Hombre, sí y no. Los psicoanalistas mantienen la opinión contraria, que esa explicitación de la violencia y la crueldad, nos libera vicariamante de tensiones, impidiendo su manifestación y preservando así la paz social.
Don Víctor: Por eso cuanto más implacable y más inteligente sea el malvado, más nos fascinará.
Don Hugo: Claro, don Víctor, él lleva a cabo hasta el extremo las acciones que nosotros, ya sea por conciencia moral, ya sea por atrición, nos abstenemos de realizar… En este sentido el malo cumple la misma función que el onirismo: ser la válvula de escape de las pulsiones ocultas, prohibidas y peligrosas… ¡y además a las bravas, sin recurrir a los símbolos!
Don Víctor: Bueno, a lo que estábamos… entonces, ¿insiste usted, don Hugo, en que este año yo me disfrace con el traje de de Scarpia?
Don Hugo: Claro que sí, don Víctor, háganos disfrutar a todos y disfrute usted por una noche… pero fíjese en qué cara de bueno va a tener mi Cavaradossi… ¿a que estoy guapo?…