
Don Hugo: Acuérdese usted de aquella chiquilla del circo de Munich…
Don Víctor: ¡Una verdadera Potnia Theron!
Don Hugo: … la civilización que se impone a la Naturaleza y, además, la aplicación empírica de los dos condicionamientos de la psicología del aprendizaje a la doma de animales.
Don Víctor: ¡Lo que costó a la ciencia definir y formular esos mecanismos…
Don Hugo: ¡Mecanismos pavloviano y skinneriano!
Don Víctor: … que la Humanidad lleva practicando desde la noche de los tiempos!
Don Hugo: Sí, como aquel Monsieur Jourdain que descubrió que había estado toda la vida hablando en prosa… ¡y él sin saberlo!
Don Víctor: Molière puso el dedo en la llaga una vez más, como Alfredo Kraus con respecto al flamenco.
Don Hugo: Hombre, don Víctor, que por mucho que cantara las «Granadinas» de la zarzuela «Emigrantes», algo tan andaluz y tan bonito, ¡no por eso cantaba flamenco!
Don Víctor: Ya, don Hugo, pero yo me refería a cómo encuentra que los buenos cantaores son belcantistas sin saberlo: llevan las vocales hacia la posición de la «i», «enmascarando» la voz para una mayor proyección; cuidan el fiato para dar esa continuidad interminable a sus finales de frase; se adornan hasta lo inverosímil con melismas y filigranas que algo tienen que ver con la coloratura operística; la messa di voce y los diminuendi con que regulan el sonido; la progresión canora expresando la progresión dramática de la pieza…
Don Hugo: ¡Ah bueno, entonces sí, don Víctor! Y todo eso sin haber pasado nunca por un conservatorio.
Don Víctor: Siempre la práctica precedió a la teorización, pero luego la ciencia se hizo adulta y creció tanto que se emancipó…
Don Hugo: … a partir de ahí fue ella la que inspiró la aplicación práctica de sus avances.
Don Víctor: ¿Y qué habríamos hecho si primero no hubiera estado aquella señorita, la dama de las fieras?