
Don Víctor: ¿Recuerda usted, don Hugo, aquella película de Martín Patiño sobre nuestra guerra en que un jefe anarquista declara, ante la inminente batalla, que va a demostrar que «un español vale por cinco italianos»?
Don Hugo: ¡Toma internacionalismo proletario!
Don Víctor: Pues eso digo yo. También Stalin hubo de recurrir al nacionalismo ruso y a los popes con sus santos para movilizar a las masas ante la invasión alemana.
Don Hugo: ¿Y qué me dice usted de los socialistas adhiriéndose con entusiasmo a la Unión Sagrada junto a los conservadores durante la Gran Guerra?
Don Víctor: Quien sí se mostró como un verdadero internacionalista fue Adam Smith con su libre-cambismo que aboliría las barreras aduaneras y propiciaría la especialización productiva de las naciones.
Don Hugo: No faltaba más: por entonces Inglaterra era el único país especializado en la producción industrial y así conseguía tener por mercado todo el orbe.
Don Víctor: Lo que se callaba míster Smith era que la contrapartida de las materias primas y productos agrícolas iba a ser mal negocio para todos los demás.
Don Hugo: Adam Smith era en esto tan hipócrita como los contrabandistas… si a éstos les vienen muy bien las fronteras y las aduanas porque burlarlas es su negocio, al inglés le venía al pelo borrarlas.
Don Víctor: Tampoco renegaron de banderas y fronteras los condottieri y sus partidas, al igual que los contrabandistas, porque hacían de las querellas entre los Estados la razón de su existencia.
Don Hugo: Se adelantaron en esto a los grandes deportistas que cambian de bandera de cara a los Juegos Olímpicos o con vistas a los campeonatos de los grandes clubes.
Don Víctor: Si hasta las religiones monoteístas se acaban identificando con el nacionalismo y llegan a fragmentarse por ello, traicionándose así.
Don Hugo: Desengáñese usted, don Víctor, no hay otro colectivo que las monarquías que sea realmente internacionalista.
Don Víctor: ¡Atiza!, pero si viven siempre envueltos en su bandera nacional y representan la unidad y la independencia del país.
Don Hugo: Sí, sí, pero bien que se cruzan entre ellos por encima de las fronteras y bien poco que les importa reinar aquí o reinar allá.
Don Víctor: Es verdad, don Hugo, si incluso se adaptan tan bien al exilio como si hubieran nacido para ello.
Don Hugo: Son una sola familia, con muchos palacios por la vieja Europa. Fíjese en Jorge V de Inglaterra y el Zar Nicolás II…
Don Víctor: ¡Dos gotas de agua!