
Don Hugo: “¡Es mío y sólo mío!”, gritó el alcalde de Coria del Río
Don Víctor: “¡De eso nada, so ladrón, que este bobo es nuestro!”, porfió el alcalde de la Coria cacereña.
Don Hugo: Querellas como ésta se multiplicaban por doquier en todo aquel reino. No había Inmaculada de El Prado sin menos de siete pretendientes…
Don Víctor: … ni botijo del Arqueológico ni legajo del Archivo Histórico de Simancas…
Don Hugo: … ni celada, ni quijote, ni freno de caballo, ni clavo de herradura de la Real Armería que no se disputaran al menos quince cantones….
Don Víctor: … ni tapiz de la Real Fábrica, ni carta de navegación, ni bala del Museo del Ejército que no suscitara enconadas polémicas…
Don Hugo: Se llegó a exigir que se descompusieran varios retablos del Museo de Valladolid para llevar procesionalmente la talla de cada santo a su pueblo correspondiente.
Don Víctor: La puja de tantos rebuznos de los regidores de aquellas heroicas y muy leales villas dejó pequeña la competencia de los alcaldes cervantinos.
Don Hugo: Y dígame, don Víctor, ¿qué solución hizo acallar tanta confusión y algarabía?
Don Víctor: Pues eso, don Hugo, es lo que quiero que nos cuente el ministro Iceta, ahora que se dispone a recibirnos.