Turbas

Don Víctor: La verdad es que las compras en los viajes siempre me han impacientado mucho. Prefiero ir ligero de equipaje, como don Antonio Machado.

Don Hugo: Bien a gusto se han quedado las dos solas. La verdad, don Víctor, es que este sitio es precioso y lo mejor de todo es callejear por aquí.

Don Víctor: Es verdad, aunque… ¿qué quiere que le diga, don Hugo?… Me ronda la cabeza una frase que leí en Chesterton…

Don Hugo: ¿Pero es que resolvió aquí un caso el padre Brown?

Don Víctor: En algún sitio parecido… «Bastaba mirar aquello para no poder apartar la impresión de puerilidad, que es el más encantador aspecto de Alemania».

Don Hugo: Lleva usted razón, don Víctor, uno se siente aquí un poco desplazado… como un senador romano que de repente se viera transportado a un campamento de ingenuos germanos a base de pintorescas cabañas de madera.

Don Víctor: Es cierto, don Hugo: aquí nunca llegó Roma y las turbas que poblaron estas regiones no traían consigo una civilización.

Don Hugo: Los que cruzaron al otro lado del limes romano se desasnaron un  poco más aun a costa de malbaratar aquella civilización que era la suma del Derecho, la Urbanización, la Unificación y la Paz.

Don Víctor: Anteriormente algo enseñaron los griegos a los romanos: la Ciudad y el Patriotismo, la Filosofía, el Arte Clásico y el Teatro…

Don Hugo: … amén de darnos el primer héroe moderno: Leónidas… ¡Cuánto me alegré de niño con las derrotas que infligimos a los persas en Salamina y Maratón!

Don Víctor: Sí, porque aquellos innumerables orientales, acaudillados por su Emperador con todos sus sátrapas, ¡querían quitárnosolo todo!

Don Hugo: Buena guerra nos dieron también los fenicios…

Don Víctor: Sí, don Hugo, pero bien que nos enseñaron, desde sus colonias, a escribir, a navegar y a comerciar usando monedas.

Don Hugo: ¡En cambio de los persas sólo hemos incorporado las gallinas!

Don Víctor: Egipto fue la maestra de Grecia, con su arquitectura monumental en piedra.

Don Hugo: ¡La columna con su basa, fuste y capitel!

Don Víctor: Y en el principio estaba Mesopotamia… Ciudad, Estado, Leyes escritas.

Don Hugo: ¡No se olvide usted de Semíramis y sus jardines colgantes de Babilonia!

Don Víctor y don Hugo (cantando): «Son las mujeres de Babilonia / las más ardientes que el amor crea…»           

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