Las primas de Musetta

Don Víctor: ¿Musetta?… Nunca pensé que se parecieran…

Don Hugo: ¡Achulapadas, traducidas al Madrid del género chico!

Don Víctor: Visita y la Mari Pepa siempre se me antojaron encarnación genuina del alma femenina del pueblo de Madrid.

Don Hugo: ¿Recuerda usted, don Víctor, lo que sentía Musetta cuando salía a pasear solita por la calle y la miraba la gente?

Don Víctor (cantando): E la bellezza mia tutta ricerca in me / da capo a pie.

Don Hugo y don Víctor (cantando): Ed assaporo allor la bramosia / sottile che dagli occhi traspira / e dai palesi vezzi intender sa / alle occulte beltà. / Così l´effluvio del desìo / tutta m´aggira, / felice mi fa, felice mi fa!

Don Víctor: ¡Maravillosa!… Lleva usted razón, don Hugo, también la Mari Pepa disfruta haciendo babear a sus vecinos enumerando los encantos que supuestamente le faltan.

Don Hugo (cantando): Palmito pa camelar, / boquita pa convencer, / y ojitos pa trastornar…

Don Víctor: ¡Picarona!… como que no se daba cuenta…

Don Hugo: «¿Es que tengo yo la culpa / de que al hacer esta alhaja, / pusiera Dios en el molde / lo mejor que le quedaba…?»

Don Víctor: Y ya veo que también Visita es otra discípula aventajada: (cantando) Soy una chula muy resalá.

Don Hugo y don Víctor (cantando): Soy un granito de pimentón… Todos los hombres, / cuando me miran, / por mí suspiran / y todos van /detrás de mí / porque me traigo unos timos hasta allí.

Don Víctor: Se ve que se llevaban entonces estas chicas jacarandosas, tanto en España como en París… Tenían a gala exhibirse, proclamar su belleza y desatar el deseo masculino.

Don Hugo: La filiación, don Víctor, es más segura que eso: «La Bohème», año 1896; «La Revoltosa», año 1897…

Don Víctor: … pero «El bateo» es ya del siglo XX…

Don Hugo: …por los pelos: 1901. Sucede a la Revoltosa sólo cuatro años después.

Don Víctor: Podría uno quedarse con la presentación frívola de estas muchachas tan simpáticas, pero repare usted en que en aquella sociedad hipócritamente victoriana, estas chicas se atreven a afirmar su independencia. Son atrevidas e incluso insolentes, osan salir a la calle sin acompañante masculino, se buscan solas el sustento, se emparejan con quien quieren, son valientes para defenderse en la vida sin tutelas…

Don Hugo: … y sobre todo no se avergüenzan nunca de ser mujeres

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