Libertad

Don Víctor: ¡Liberal!… Es de las palabras más bonitas que hemos exportado…

Don Hugo: Claro, a los ingleses les encantó ese término para los amantes de la Libertad.

Don Víctor: Antes, yo creo que se usaba más bien para designar a aquéllos que eran generosos, desprendidos, altruistas. Está cargada de acepciones positivas.

Don Hugo: Lo estuvo hasta que llegaron los socialistas con aquello de que escondía también, y primordialmente, la libertad para enriquecerse sin tasa y la usurpación por los ricos de la soberanía nacional para explotar a los pobres.

Don Víctor: Claro, por algo Lenin puso el dedo en la llaga con la pregunta de «¿Libertad, para qué?»

Don Hugo: Bueno, bueno, don Víctor…estoy leyendo ahora la obra completa de Fernando de los Ríos…

Don Víctor: Pero, don Hugo, ¿qué le falta a usted por leer?

Don Hugo: … ja, ja, ja… Bien, pues es el caso que llegó a entrevistar al propio Lenin y de las declaraciones de éste parece desprenderse más bien un desprecio por la Libertad en general.

Don Víctor: ¡Vaya por Dios, era de temer!… por mucho que esas caricaturas tan repetidas que lo representan como una bombilla estén enalteciendo en realidad su inteligencia.

Don Hugo: Sí, buscando ridiculizarlo, acaban por ofrecernos, paradójicamente, un Lenin que es la nueva lumbrera de la Humanidad.

Don Víctor: Pero, claro, si es que al final van a tener razón los que ahora arrojan a la izquierda el término «comunista» como sinónimo de «totalitario»…

Don Hugo: Al paso de pocos años estas grandes palabras, talladas en estelas de mármol, acaban enfangadas por la práctica humana condenada a la imperfección y la corrupción.

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